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lunes, 6 de mayo de 2013

Una vez fui un niño.



Una vez fui un niño.


Corrí entre las callejuelas de mi ciudad, por muy oscuras que parecieran. Salté vallas sin miedo a descubrir lo que pudiera haber al otro lado. Empujé a otros niños y después les ayudé a ponerse en pie de nuevo. Soñé con los monstruos que había bajo mi cama, con príncipes azules y con las princesas que rescataban. Fui pirata, aventurera, maga e incluso diosa griega. Estaba dispuesta a comerme el mundo en cualquier momento. No me importaba mancharme la cara al beber un cola-cao, si eso levantaba el ánimo a alguien que estaba triste. Cinco minutos eran todo un mundo de posibilidades. 
Aprendí a diferenciar lo que era bueno de lo malo.

Ya no soy un niño.

Ya no corro, porque los caminos son tan oscuros que podría caerme al no ver lo que hay en ellos. Tampoco salto, porque, ¿quién sabe lo que me aguarda tras la caída? Ahora, si alguna vez empujo a alguien, lo dejo en el suelo; no quiero que me echen las culpas. Hace mucho que dejé de soñar, porque soñar es de niños, soñar no sirve. Soñar es inútil, porque los sueños no existen, como tampoco existen los príncipes azules. Ya no soy nada especial, no puedo ser nada diferente porque tengo que ser como todos. Es gracioso que para destacar tengas que ser igual que la mayoría. Parece que el mundo me quiera comer a cada paso que doy. Bebo cola-cao a escondidas y me limpio el bigote de chocolate con servilleta, que queda mucho más elegante. Me faltan horas en el día para hacer lo que quiero, pero el problema es que no sé lo que quiero. 
He olvidado si realmente hay cosas buenas o cosas malas, porque ahora todo lo hago porque hay que hacerlo, sin pararme a pensar las razones.

Algún día, tú también te darás cuenta.

Te darás cuenta de que la vida pasa demasiado rápido como para preocuparte por que alguien te vea con la cara manchada de cacao o quejarte de que todo lo malo te pasa a ti. Te darás cuenta de que los que realmente valen la pena son los pequeños placeres de la vida, los que luego se quedan como recuerdo permanente en tu cabeza. Aquella sonrisa borrosa, aquel descenso en bicicleta. Aquel golpe en el brazo y lo bien que te sentiste cuando el dolor se pasó. Aquella noche de estrellas en la que, verdaderamente, te sentías tan fuerte que podías comerte el mundo, el cielo y el universo entero.
Te darás cuenta de que, si todos sacáramos el niño que llevamos dentro, si todos hiciéramos más y dijéramos menos, la Tierra sería un lugar maravilloso.

Y tengo la sensación de que, en el fondo, sigo siendo un niño.



viernes, 22 de marzo de 2013

Concurso de microrrelatos pacopeco y Jordi Sierra I Fabra

Muy buenas a todos. Después de 920482931412093921etcetcetc años sin pasarme por aquí, vuelvo, aunque no sé por cuánto tiempo. La Semana Santa acaba de llegar y viene acompañada de tiempo libre, ganas de hacer cosas y...
Dummmmmdururururmdururumdurururum... (redoble de tambores)
... un segundo puesto en un concurso de microrrelatos weeeeeeeeeeeeeee pero mejor os cuento la historia desde el principio...
Si os pasáis por aquí a menudo seguro que ya sabréis lo que es, pero para los que no o para los que quieran refrescarse la memoria, pacopeco.es es la web de la librería algecireña del mismo nombre, pero en ella no solo se habla de libros. Pacopeco es un genial proyecto que fomenta la educación y el entretenimiento de forma divertida, organizando concursos, talleres, cuentacuentos, informando sobre actividades culturales para pequeños y mayores y haciendo muchas otras cosas.
Pues bien, hace poco acabó el plazo de inscripción para la II Edición del Concurso de Relatos Pacopeco. Este año el tema era qué querías hacer en el futuro, tanto profesional como personalmente. Había tres categorías, divididas por cursos escolares, y en cada una de ellas había dos ganadores (primer y segundo puesto).
Yo participé en la categoría Bolígrafo, que si no recuerdo mal era de primero de ESO (12-13 años) en adelante. Hablé sobre que quería ser escritora y hacer grandes cosas, y el martes llamaron a casa para decir que era una de las ganadoraaaaas (adolescente feliz = baile de la felicidad extrema). Lo mejor de todo fue cuando hablé con mi mejor amiga y resultó que ella era la otraaaaa wewewewe (dos adolescentes felices = baile doble de la felicidad extrema). Si hacéis click en la palabra encuapúchado podréis ver toda la información sobre el concurso. En el post siguiente pongo el microrrelato.
¿Más cosas que decir? 
Bueno... Este año voy a intentar presentarme al Jordi Sierra I Fabra. A continuación copio y pego un texto de la web (entrad si queréis informaos bien) que explica lo que es este certamen:
La Fundació Jordi Sierra i Fabra nace en España con un primer objetivo: ayudar a jóvenes escritores. ¿Cómo? De momento con un primer paso que ya está en marcha, la creación de un premio literario para menores de 18 años otorgado con el apoyo de la Fundación Santa María. Además de una dotación económica, lo más importante será que la obra ganadora la publicará Ediciones SM y la entrega tendrá lugar anualmente la noche de los premios de la Fundación Santa María, cuando se fallan el Barco de Vapor, el Gran Angular y el de Ilustración. Mejor, imposible. Este premio literario dará salida a muchos sueños infantiles y juveniles. Una vez consolidado, el futuro será tan inmenso cómo queramos que sea dentro de nuestras limitaciones.
Y digo intentar porque empezar una novela es una cosa, pero acabarla es otra muy distinta. Tengo los personajes y la trama bien definidos y los puntos principales organizados para saber siempre por donde continuar, pero de verdad que no sé si lograré acabarla. El año pasado ya lo intenté y no llegué a la mitad, aunque este año voy por mejor camino. ¡Deseadme suerte!
Por último, decir que tengo entre manos otro proyecto que no trata solo de escritura y lectura, aunque estas estén muy presente en él... Os mantendré informados, y creo que os gustará si es que creéis que el mundo se puede cambiar con pequeños (y a veces grandes) detalles.



;)

domingo, 25 de noviembre de 2012

Pisadas en la luna



Cuando Luis se despertó aquel día, tuvo la sensación de que a partir de entonces todo iba a ser distinto. Llegó al colegio cinco minutos antes de lo que solía hacerlo siempre; era el primer día, y quería causar buena impresión a su nuevo tutor. Sus compañeros del año anterior le saludaban con la mano, y bostezaban y se frotaban los ojos, porque tenían mucho sueño. Luis buscó a sus amigos entre la multitud de alumnos que correteaban de un lado para otro. Los encontró a todos sentados en el suelo, formando un círculo en cuyo interior destacaba un niño rubio que no había visto nunca antes.
— Se llama Douglas. — había dicho Jorge. — Es de Inglaterra, y habla inglés mejor que el profesor.
Al principio, Luis no se lo creyó, porque Inglaterra estaba muy lejos, y el profesor era la persona que mejor hablaba inglés del mundo. Pero después lo escuchó hablar, y resultó que era verdad, ¡verdad de la buena! Los chicos le preguntaron si en Inglaterra había buenos profesores de inglés, y Douglas no respondió. Germán lo repitió, por si no se había enterado, pero él siguió sin decir nada. ¡Vaya maleducado!, pensó Luis. Y lo mismo pensaron sus amigos, porque todos se fueron a la fila sin decirle nada a Douglas, y eso que nunca lo hacían antes de que tocara el timbre.
Ese mismo día, conocieron en clase a su nuevo tutor, Damián. Era muy bueno y divertido, pero cojeaba. Leyó de una lista los nombres de todos los compañeros y, después, les preguntó qué querían ser de mayores. Germán quería ser futbolista; Jorge, cocinero. Cristian, otro de sus amigos, dijo que quería ser profesor, pero a Luis le pareció que sólo lo decía por hacerle la pelota a Damián. Cuando llegó el turno de Douglas, el tutor le hizo la pregunta en inglés, y el niño también respondió en inglés. El último fue Luis, y se puso muy nervioso, porque no sabía qué quería ser de mayor; le gustaban muchas cosas. Damián le dijo que no pasaba nada, porque él antes de ser profesor, había tenido muchos oficios. Contó que al principio había sido caballero. Cuando pasaron unos años, se cansó de matar dragones y salvar princesas, porque los caballeros tenían que seguir muchas reglas, y se hizo pirata. Surcó los siete mares junto con su tripulación, un loro y una pata de palo. En uno de sus viajes se hizo amigo de un mago alquimista. Este le enseñó un poco de su magia, y a Damián le gustó tanto que decidió hacerse su aprendiz. Compró una varita y, poco a poco, se hizo un experto en la preparación de pociones, convirtió a su loro en un fiel lobo que le acompañó en todos sus viajes, y aprendió el secreto de la transformación del plomo en oro. Cuando intentó arreglar su pata de palo, el hechizo le salió mal, y por eso cojeaba. Así que se hizo médico para intentar arreglar del todo su pierna. Tras eso, fue cantante, futbolista, otra vez pirata, juglar, investigador, guerrero…
Cuando el timbre volvió a sonar, señalando el comienzo del recreo, Luis se sorprendió al ver que no le apetecía salir a jugar. Quería seguir escuchando las historias de Damián, al igual que sus amigos. En el recreo todos comentaron las increíbles aventuras del tutor. 
— Yo creo que se lo ha inventado. No se puede ser mago y después guerrero. Los magos y los guerreros se llevan muy mal. — razonó Cristian.
— ¿Entonces cómo es que cojea?
— No sé, a lo mejor se cayó de unas escaleras...
— Yo creo que es verdad, porque los caballeros nunca mienten; va contra las normas de caballería.
— Pero si dejó de ser caballero, ahora puede mentir...
Así pasaron los días Luis y su pandilla. Clase tras clase, Damián conseguía que todos los alumnos estuvieran embobados con sus explicaciones. Una vez les explicó que la letra q había luchado fieramente en una batalla contra la letra e y la letra i. Al final, la u se había encargado de unirlas para que se llevasen mejor, y que para que sus palabras no se pelearan, debían escribir siempre que y qui con la u en medio. Al final del curso, ningún alumno había sacado malas notas, ni si quiera Douglas, que nunca hablaba en español. Luis acababa de enterarse que en Inglaterra no se hablaba español, sino inglés. ¡Qué cosa más rara!, pensó el chico. 
El último día de clase, todos se despidieron de Damián con mucha pena, y le dieron un fuerte abrazo, porque el año que viene ya no sería su tutor. Esperaban, igualmente, encontrarlo por los pasillos y que siguiera contado sus maravillosas historias. Pero no fue así. Al año siguiente, Damián ya no estaba en el colegio.  A todos les sentó fatal, pero les gustaba pensar en los miles de posibles trabajos que podría tener Damián a partir de entonces.
Pasó mucho tiempo hasta que los chicos volvieron a ver a su antiguo tutor.
Era un día muy caluroso, hasta para ser junio. Luis se preparaba para su graduación; al año siguiente iría a bachiller. Se ajustó la corbata y salió a toda prisa hasta llegar a su colegio. Su familia ya estaba sentada en el Salón de Actos, esperando a que todo comenzara. Luis salió al patio del colegio a tomar un poco de aire y a refrescarse. Allí encontró a sus amigos, sentados en el suelo de la misma manera que el día que conoció a Damián. Jorge, Germán, Cristian, Rafa y Douglas, que se había convertido en su mejor amigo. Ahora hablaba un español casi perfecto, pero seguía soltando expresiones inglesas de vez en cuando. Se levantó y le chocó la mano.
— ¿Nervioso?
— Un poco.
Los demás entraron en el Salón. Los dos amigos, que estaban algo más nostálgicos, miraron el patio que durante tantos años habían considerado suyo. De repente, una silueta asomó su cabeza por entre los árboles. Llegó cojeando hasta los chicos y les dio un fuerte abrazo.
— ¡Pero qué grandes estáis!La última vez que os vi erais dos retacos pequeñines. Seguro que ya tenéis hasta novia, ¿eh?
Luis estaba asombrado. Damián estaba completamente igual que la última vez que lo vieron. Incluso llevaba la misma ropa.
— ¡Qué de tiempo, profesor!
— Sí. En clase se echan se menos sus historias.
— Era mucho más divertido cuando se inventaba todas esas cosas…
Y estuvieron hablando mucho, muchísimo tiempo. Damián dijo que durante esos años había sido astronauta, y Doug y Luis rieron con ganas.
Al cabo de un rato, los altavoces anunciaron que en diez minutos empezaría la graduación.
— ¿Viene dentro a verla? — preguntó Douglas.
— No, no. No permiten entrar a los animales, y he traído a mi mascota.
— Pues entonces, luego nos vemos.
— No, tampoco. Tengo que irme ahora mismo, al veterinario. Es que visto los carteles de graduación y he entrado a echar un vistazo.
— Vaya…
Luis y Douglas se despidieron de Damián, pero él, antes de irse, quería hacerle al primero una pregunta:
— Y, ¿sabes ya qué quieres ser de mayor?
— Ya soy mayor, señor. — los tres rieron. — No, señor... la verdad es que me gustaría poder contar historias como las suyas.
— Hm. Ya veo. Escritor. Te gustaría escribir aventuras que fueran conocidas en todo el mundo.
— Sí. Algo de eso. Pero...
— ¿Pero qué?
— No sé, profesor. Que es imposible que yo llegue a tanto.
The sky is the limit. — dijo Douglas, poniendo una mano sobre el hombro de Luis.
Don't tell me the sky's the limit when there are footprints on the moon. — rectificó Damián, con un acento incluso mejor que el de Douglas. — Tú sé perseverante. Inténtalo de verdad. A mi me costó bastante aprender a convertir el plomo en oro…
Los chicos rieron, se despidieron y fueron como una bala al Salón de Actos, deseando contar a todos lo que les había pasado. Al mismo tiempo, Damián llegó cojeando al matojo del que había salido. Acarició a su lobo, sacó su varita del bolsillo, recitó unas palabras mágicas y desapareció.

¡Super notición (o puede que no tanto...)!

Lo primero que tengo que decir es que...



El "eslogan" del blog...




¡...cambia! Bueno, vale, se que no es para tanto. Supongo que la mayoría ni si quiera sabéis que el blog tiene un eslogan. Pero a mi me hace ilu (?)



Hasta ahora, bajo el banner del blog se podía leer:

Tengo doce años. Me gusta escribir. Y espero que a ti te guste leer lo que escribo :)

Pero ahora va a decir...


Tengo trece años. Me gusta escribir. Y espero que a ti te guste leer lo que escribo :)

¡Exacto! Tengo un año más... Lo que significa que llevo leyendo, escribiendo, imaginando y escuchando historias un año más :) Y los que me quedan...

Y también quería decir otras tres cosas:

Cosa nº 1: Ya no soy participante del I Certamen Llibrete. 
El tema de esta semana eran los líos amorosos, que no son mi fuerte, y con la de historias pastelosas de vampiros y demonios que tan de moda están últimamente le estoy cogiendo un poco de tirria a este género (o subgénero, o lo que sea. Me gusta el amor pero en su justa medida, ni mucho ni muy poco). 
No me llegaba la inspiración. Entre eso y que este año tengo exámenes todos los días de la semana excepto uno (no exagero), estábamos a mitad de la semana siguiente y no me había dado tiempo a empezarlo, así que el organizador me ha expulsado. 
La idea en sí del proyecto era y es genial, pero últimamente no me gustaba demasiado como iba la cosa. La gente abandonaba (yo misma iba a abandonar por falta de tiempo en la gala anterior, pero el organizador me pidió por favor que no me fuera) cuando estaban nominados, y al organizador le sentaba fatal. 
Es normal que te pongas triste si alguien abandona un proyecto que tu mismo has creado desde cero, y también es verdad que al enviar el primer relato al concurso te comprometes a participar semana tras semana.
A mi lo que más me impulsaba a participar en este certamen era escribir sobre temas nuevos y que jueces con experiencia me ayudaran a mejorar
Desde mi punto de vista, a la hora de escribir no hay mayor recompensa que oír de boca de alguien que tus escritos le han gustado, le han emocionado o le han hecho reír (incluso si dice que le han disgustado, porque eso significa que al menos se lo ha leído). La cosa es que aunque te guste algo, te gusta tener algo a cambio por hacerlo (p.ej. a un pintor le gusta pintar, pero también le gusta ganar dinero pintando), y si yo a cambio de escribir un relato semanal, con el esfuerzo y trabajo que eso conlleva, lo que me gano son dos pequeñas críticas (que igualmente me han ayudado a mejorar, gracias a las juezas Dori Valero y Mar Olmedo :)), pues no me motivo, y si no me motivo, no escribo bien. 
Aún así he conocido muy buenos escritores y ha sido una experiencia maravillosa. Seguiré mirando semana tras semana y deseo mucha suerte a todos los participantes y al organizador por su gran idea, porque de verdad que es muy innovador y se podría llegar a convertir en algo realmente grande :)

Cosa nº 2: Voy a empezar a escribir reseñas. 
Me doy cuenta de que cada vez me gusta más dar mi opinión a la gente sobre los libros que leo. Y como en mi casa ya se hartan un poco de que de tanto la lata con que el escritor tal mi ídolo Rick Riordan es un fenómeno, que si el libro cuál es muy guay, que si que gracioso es esto, que si que bonito es lo otro...
En definitiva, que si me leo un libro, sea nuevo o viejo, y me apetece daros mi opinión, os diré lo que me ha parecido. A ver si os gusta mi manera de "reseñar"... :)

Cosa nº 3: Concurso de Menudo Castillo. 
¿Recordáis el concurso de Menudo Castillo en el que participé hace un tiempo? ¡¡Me han dicho que he ganado!! Soy feliz :D Cuando escuché su programa de radio (que es muy bueno, por cierto, escuchadlo todos los martes en directo a las 18:00 desde el blog) y dijeron mi nombre empecé a dar botes de alegría, y cuando llegó el e-mail confirmándolo estaba medio hiperactiva :D
El viernes me llegaron los libros (el premio) y vi que los enviaron el 19 de noviembre, mi cumpleeee :')
En fin, que estoy muy contenta, y en el próximo post os voy a poner el relato, que se titula Pisadas en la luna, y es el relato que más me gusta de todos los que he escrito...

domingo, 11 de noviembre de 2012

¡Saludiños!

¡Buenas! Ya hace más de un mes que no me paso por aquí, pero como veo que por más que me disculpo no logro "formalizarme", voy a pasar directamente a la acción.
Durante este período de tiempo, ¡el I Certamen Llibrete ya va por su Gala 4! A mi me hace mucha ilusión que este proyecto siga adelante, porque al escribir sobre temas a los que no estas acostumbrado practicas bastante. Los consejos de las juezas se agradecen mucho, al menos en mi caso, ya que lo ven todo de manera objetiva y te dicen fallos y maneras de mejorar. Os recomiendo a todos que lo sigáis de cerca, lo leáis todas las semanas y votéis al texto que más os guste. Para ver tooooda la información del Certamen, entrad aquí: http://llibrete.jimdo.com.
Os pongo aquí tres textos que he enviado. El primero trata sobre la ira, uno de los pecados capitales. El segundo es de ciencia ficción, o al menos era un intento de ello que salió rana jeje. El último es una experiencia personal. ¡Espero que os gusten!


Todo por venganza.

Los músculos de Mark se pusieron en tensión. Se levantó, agarrando con fuerza su lanza, y echó a correr tras el desconocido, que reía como un loco.
No pensó que bajo aquella capucha podía estar cualquiera. No pensó que, al irse de la tienda, dejaba a todos sus compañeros desprotegidos, durmiendo. No pensó que podía ser una trampa. No pensó. Simplemente corrió todo lo rápido que sus piernas se lo permitieron.

— Te toca a hacer la guardia. — oyó decir a Kim.
Mark se despertó y asintió con desgana. Recogió del suelo su lanza y salió de la tienda, malhumorado. 
Esa noche había tenido de nuevo la misma pesadilla que le atormentaba desde hacía años. Aunque conocía el final, se sintió sobrecogido al revivir de nuevo la horrible escena. El encapuchado cogía el arco del suelo, lanzaba la flecha y atravesaba el corazón de su padre, que caía al suelo, muerto. 
Al principio sintió miedo. Después, una oleada de ira lo levantó del suelo, una sensación que noche tras noche se hacía más violenta. Su deseo de venganza seguía creciendo.
— La venganza no es buena, ¿sabes? Te ciega.
Se giró, sorprendido. Era imposible que nadie supiera lo del encapuchado. Nunca lo había dicho en voz alta. ¿Murmuraría en sueños? ¿Babearía? No, por favor. No delante de sus compañeros. Sería estúpidamente ridículo.
— ¿De qué hablas?
— Cada vez estás más agresivo, más distante… Como si estuvieras planeando una venganza.
— ¿Y qué si es verdad?
— Que la ira no trae nada bueno. Ahora te puede parecer la mejor opción, pero… — Mark tenía el ceño fruncido…. — Ni sabes lo que es la ira, ¿verdad? La ira es el deseo de venganza, y…
— Déjame en paz, ¿quieres?
El chico salió de la tienda, dejando a Kim con la palabra en la boca.
Pasaron varias horas, en las que estuvo con la mirada perdida en el horizonte, pensando inconscientemente en qué haría si alguna vez se encontraba con aquel encapuchado que mató a su padre. Ni se le pasó por la cabeza el daño que pudiera haber causado a Kim, la que alguna vez había sido su mejor amiga.

Al cabo de un rato, el extraño dejó de correr. Mark aprovechó para saltar sobre él y aprisionarlo contra el suelo. Su lanza se transformó en un arco y un carcaj. El tipo merecía morir como su padre. 
Lo distrajo el sonido de unos gritos. Giró la cabeza y vio el campamento en llamas. Ardiendo. Todo había sido un truco. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?
El encapuchado huyó. Mark escuchó, por encima de las demás voces, la de Kim. Había dicho la verdad. La ira sólo le había traído cosas malas. No iba a quedarse mirando como sus amigos morían por un error suyo. Entró al fuego, decidido, y nunca nadie supo si ese fue o no el final de su historia.

(Este segundo no tiene título, si se os ocurre alguno, me encantan las sugerencias!) :)

— Anda abuelo, cállate que no me interesa. — rechista Leo. Está de mal humor, pensando en sus cosas. La reunión familiar se le está haciendo larga. Sus padres están trabajando, sus amigos de viaje y sus tíos de vacaciones. Va a tener que quedarse con sus abuelos paternos todo un fin de semana. Tras pasar horas rebuscando entre las numerosas habitaciones de la nave, revolviendo cajones y armarios, Leo se ha dado por vencido y está seguro de que no hay nada entretenido que no tenga más de treinta años de antigüedad. La prehistórica máquina de hologramas que ha encontrado en el dormitorio de invitados ni si quiera funciona correctamente. Por si fuera poco, ahora su abuelo no deja de contarle sus batallitas.
— Hijo, escúchame aunque sean cinco minutos. Cuando yo tenía quince años me encantaba ir al aeroskate park. Mis colegas y yo hacíamos unos trucos flipantes...
— Abuelo, por favor, nadie habla así. — murmura el chico entre dientes. — Y los aerodeslizadores son cosas de críos. Ahora lo que se llevan son los airollers.
— Seguro que son el mismo rollo, pero si de verdad no te gustan, podemos hablar de otra cosa. ¿Cuál es tu serie de televisión preferida?
Leo ríe con ganas y mira a su abuelo con aire burlón.
— Sí, claro. Televisión. Y después uso un ordenador, si te parece.
— ¿Pero… qué problema hay? — pregunta el abuelo, extrañado.
— Que la televisión tridimensional es de viejos. Ni si quiera puedes oler lo que ves. Está pasada de moda. Y el ordenador ya ni te cuento… 
— Pues mi bisabuelo veía la televisión en dos dimensiones. — Leo frunce el ceño, incrédulo y enfadado. — Y en blanco y negro.
— Vale, esa si que es buena. Sólo dos colores. No te lo crees ni tú. — dice, cortante. No conoce nada más que su presente, lo que para nosotros es el futuro. No va a clase; cuando necesita saber algo, se pone una inyección y se ahorra el estudio. Como la asignatura de historia es lo que menos le interesa, no tiene ni la menor idea de cualquier cosa que tenga más de veinte años. Tampoco sabe lo que es la comida de verdad, pues se limita a las pastillas de nutrientes de sabor artificial. Aunque el conocimiento tecnológico ha aumentado notablemente, es triste como las personas saben más de la vida de una máquina que de las suyas propias.
— Es verdad, y además...
— ¿Quieres dejarlo ya? Lo digo en serio. No me interesa lo más mínimo.
El abuelo relaja los músculos, cierra fuertemente los ojos, suspira con tristeza. Se levanta de su asiento y sin ni si quiera mirar atrás, murmura:
— Además, cuando yo tenía quince años, trataba mejor a mi abuelo.
Se va de la habitación, dejando a Leo con una sensación desconocida en la barriga, que le hace querer hundirse en la tierra, ahogarse en el espacio y caerse a un abismo, antes que tener que aguantar con el castigo silencioso de su abuelo.

La Caja de los Recuerdos

Abrí la polvorienta caja de madera y no pude evitar que por mis labios correteara una sonrisa. 
Dios, mi madre tenía razón. Lo guardaba todo. Pero es que todo objeto tiene una historia. Y soy partícipe de que todas las historias deben ser contadas. 
En la caja (que yo había nombrado "Caja de los Recuerdos") estaban guardados objetos que parecían normales. Pero para mí encerraban un montón de secretos. Me encantaba cogerlos y mirarlos hasta lograr recordar por qué los había guardado. Vi en una cajita transparente muchos papelitos con palabras emborronadas, mensajes pasados en clase que decían cosas importantes en su momento. Reconocí al instante la tarjeta plastificada de dragones que tantas veces había llevado colgada al cuello. El marcador de aquel libro que me prestaron y me inspiró para comenzar un relato corto, que también andaría escondido en la algarabía de historias que formaban la Caja. Vislumbré en la esquina mi anillo fluorescente; si lo dejabas un rato expuesto a la luz, adquiría un brillo fantasmagórico alucinante. Cuando estiré el brazo para alcanzarlo, toqué el lomo de un grueso cuaderno.
Lo sostuve entre mis dedos para después girarlo con cautela. Abrí lentamente la tapa y me encontré con un rótulo de colores escrito con letras desiguales: "Agencia de detectives" seguido por un gran borrón grisáceo, prueba de que había sido escrito y borrado en repetidas ocasiones. Pasé la página y observé que lo que más destacaba eran dos palabras en la esquina izquierda: "Caso uno". El resto de las letras se superponían una encima de otra, y los dibujos parecían no tener sentido. Ni un hueco. Había una flecha, un pájaro blanco…
Espera, espera. ¿Una flecha?
Me fijé en la flecha. Tal y como pensaba, no era una flecha. Era una rama de olivo.
Me golpeé la frente con la palma de la mano y sonreí. Recordaba con nitidez esa semana de tercero de primaria.
Los trabajos para el día de la paz habían sido casi todos aceptables, teniendo en cuenta que estábamos hablando de niños de nueve o diez años. Sin embargo, había uno que destacaba. La gran paloma blanca de yeso que las chicas habían hecho era muy graciosa. Algo deforme, eso sí, pero tenía su gracia. Al final de la clase, el pico de la paloma apareció en el suelo, lo que significaba que alguien lo había roto.
¡Menudo lío se formó! Todos querían saber el nombre del culpable. Así que recorrimos todo el recreo preguntando a unos y otros hasta dar con él; Miguel confesó que se había chocado con ella sin querer. Y el ánimo se nos subió por las nubes. Lo apuntamos todo y nos preparamos para nuestro siguiente caso, un caso que nunca ocurrió.
Sonreí de nuevo. Cerré la caja, pero no guardé la libreta. No sé por qué, pero ese recuerdo me había tocado la fibra sensible. Pasé de página y puse en grandes letras "Caso dos".
Habían pasado seis años. Pero dicen que la esperanza es lo último que se pierde, ¿no?


;)


sábado, 6 de octubre de 2012

Concurso de cuentos infantiles Menudo Castillo

¡Hola!
Simplemente vengo a decir que voy a participar en el concurso de cuentos infantiles que organiza Menudo Castillo (os recomiendo que entréis en la web y escuchéis el programa, si os gusta la literatura infantil y juvenil). Las bases son estas. En cuanto digan quien ha ganado, publicare el cuento en el blog.

PD: Os recuerdo que participé en el II Certamen de relatos breves “Yo, deportista” IAD 2012. El plazó acabó hace poco así que voy a estar atenta, a ver cuando anuncian el fallo...
¡Saludos!

viernes, 5 de octubre de 2012

¡Estoy dentro!

¡Muy buenas! 
Perdonadme, perdonadme, perdonadme. Más de un mes sin ni si quiera saludar. Y encima, durante todo este mes de octubre, estoy celebrando el primer aniversario de El hombre de los ojos verdes.
Y pensar que ya ha pasado todo un año desde que escribí ese brevísimo relato para Halloween... Por entonces había imaginado una posible continuación, pero nunca había pensado en llegar a hacer una especie de novela-chungaleta-corta...
En fin, que lo que venía a decir es que este mes intentaré subir algún texto que de miedillo, acabar el próximo capítulo de El hombre de los ojos verdes que ya no me acuerdo ni yo de por dónde lo dejamos... y subiré dibujos. Sí, dibujos. Sé que es un blog de escritura. Pero son dibujos de El hombre de los ojos verdes. Una especie de compensación que no llega a compensar ni mucho menos que haya estado un mes entero sin mirar el blog malditos deberes y maldita pereza.

Más cosas que contar.
¿Recordáis el I Certamen Llibrete? (Si no lo recordáis, no está ni dos posts más abajo, creo. Y si no tenéis ganas de mover el ratón, haced click en la palabra esternocleidomastoideo)
Pues bien,
¡me han seleccionado para participar!
Que ahora mismo estoy haciendo el baile de la felicidad...

En cuanto empiece, vais a tener relatitos semanales, ¡así que voy a estar más activa! o eso espero
¡Saludos!

jueves, 23 de agosto de 2012

I Certamen Llibrete

¡Muy buenas a todos! Como sigo con un poco de cargo de conciencia por haber tardado tanto en actualizar, os traigo otra cosilla, nada más y nada menos que un concurso literario.

I Certamen Llibrete
¿Qué es esto? Pues bien, es un concurso de microrrelatos semanales de un máximo de 400 palabras. A primera vista puede parecer un certamen bastante normal. Pero no lo es. 
La idea es bastante interesante, y cuando la he leído entera, ha captado toda mi atención, pues no sé vosotros, pero yo nunca he visto nada parecido. ¿A qué me refiero con esto? Según palabras textuales:

«Habrá una serie de concursantes, que cada semana irán escribiendo sobre un tema que se dirá cada semana, al final de la semana un jurado valorará cada relato uno a uno, dando una opinión. Las dos personas que tengan los relatos que menos hayan gustado, serán nominadas, con lo cual los visitantes de la Web, tendrán que salvar a uno de los dos nominados. Al cabo de una semana, el que menos votos tenga, será expulsado, mientras que el salvado seguirá en el concurso.»

Simplemente me ha encantado. Es una gran idea, ya sea para escribir sobre temas a los que no estamos acostumbrados (es uno distinto cada semana), para mejorar o simplemente para divertirnos.
Yo ya he enviado mi primer texto. ¡No dudéis en apuntaros haciendo click aquí! 
Y también podéis visitar el blog del organizador haciendo click aquí.

;)

domingo, 10 de junio de 2012

La leyenda del Patio de los Leones.

¡Muy buenas! Hace un par de semanas fue la entrega de premios del concurso literario "Las Palabras Escondidas", y como he estado (y estoy) de exámenes hasta las cejas, no he podido poner nada por aquí. Esta vez no ha habido suerte, pero me gustaría felicitar a los seis premiados, Álvaro García Recio, Andrea García, César Menéndez Martínez, Jhoel Marquina, Mireya Gómez y Laura García. ¡Estoy segura de que sus relatos son muy buenos! :D
Aprovechando que ya ha terminado el concurso, puedo publicar el relato corto. Lo escribí como una redacción en clase, ya que debíamos hacer una que tuviera algo que ver con la Alhambra, pues la visitamos a mediados de curso. Espero que os guste. Se titula La Leyenda del Patio de los Leones.

La fuente del Patio de los Leones brillaba con especial intensidad aquella tarde de primavera. Cada uno de los doce felinos parecía emanar un halo de luz blanquecina que despertaba en cualquier persona que pisara aquel suelo una sensación de intriga, admiración y misterio al mismo tiempo. Se respiraban calma y tranquilidad en todas las esquinas, una calma que llegaba a parecer irreal.
El silencio fue roto por un eco de pasos y murmullos, que inundó la sala poco a poco, hasta que por una de las puertas se vio asomar la pequeña cabeza de uno de los veintisiete alumnos de primaria que estaban de visita guiada por la Alhambra. Ese primer niño se llamaba Iván, y le encantaban las leyendas. Por eso, cada vez que llegaba a alguno de esos hermosos palacios, patios o pasillos, contaba a sus compañeros todo lo que sabía sobre las historias que llenaban de magia la ciudad palatina, ganándose una reprimenda de su profesor, pues apenas dejaba hablar a la guía.
- ¿Sabéis qué cuentan sobre el Palacio de los Leones? - Preguntó esta, haciéndose oír entre la pequeña multitud. Iván levantó la mano y saltó repetidas veces para hacerse ver entre sus compañeros.
- Dice una leyenda que a una princesa que se llamaba Zaira la engañó un hombre muy malo, que después de matar a sus padres, se hizo pasar por el rey. Cuando Zaira se hizo mayor, se enteró del truco, y con el talismán que conservaba de su madre, que tenía un maleficio, convirtió al rey y a sus once hombres en leones de piedra. 
Al terminar su historia, observó orgulloso la admiración de sus amigos, a los que la historia les había parecido fascinante.
- Te has informado muy bien, Iván. - Sonrió la guía. - Hasta hace poco, se creía que no era más que una leyenda, pero por las noches, a partir de las ocho, hay algunos guardias de seguridad que afirman oír voces que proceden de aquí, del Patio de los Leones…
- ¿Y qué dicen esas voces? - Preguntaron varios niños a coro, Iván entre ellos. La guía pensó rápidamente en algo que pudiera llamarles la atención, cautivar a esos chavales que no tenían más de ocho años.
- Pues… Dicen que el maleficio se ha roto, que los doce hombres se han despertado… y buscan venganza.
Contenta con su invención, la guía los invitó a pasar a la siguiente estancia. Iván miró su reloj. Las ocho y cuarto… Un escalofrío le recorrió el cuerpo. "Tranquilo." Se dijo, "No es más que una leyenda…"
A Iván, justo antes de cerrar la puerta, le pareció ver claramente como el mejor esculpido de los leones le guiñaba el ojo.

;)

Me temo que el capítulo quinto de El hombre de los ojos verdes va a tardar un poco en llegar, debido a que, como ya he dicho, estoy muy liada con los exámenes finales. Esperad un poco más... :)

viernes, 1 de junio de 2012

El hombre de los ojos verdes. Capítulo III


Buenas tardes :) Hace ya cinco días que no me pasaba por aquí a dejar nada nuevo. Los profesores aprietan mucho, es final de curso y hay muchos exámenes. Pero como hoy es viernes... Traigo el tercer capítulo de El hombre de los ojos verdes, que es el doble de largo que los anteriores. Espero que os guste :)

_______________________capítulo tres_______________________


Me quedé de piedra, casi literalmente, porque tardé bastante en enterarme de lo que me decía don Txomin.
- ¿Qué ocurre?
Negué con la cabeza, pero supongo que mi mirada perdida hizo que dudara lo que le decía. Mis compañeros parecían tan incrédulos como yo, y comencé a preguntarme si de verdad no había sido más que un sueño.
- A ver, chicos. Durante está última semana, la Filarmónica de Rusia ha estado dando conciertos en la ciudad. Pues bien, el concertino Dragomir Gabor ha accedido a venir a clase hoy a hablados de su trabajo. ¿No es maravilloso?
En otra ocasión, el entusiasmo infantil de don Txomin me hubiera hecho reír, pero seguía algo aturdida: tenía que ordenar mis ideas. Si la Filarmónica de Rusia había venido a a ciudad, probablemente habría salido en el telediario. Me estrujé la cabeza intentando recordarlo; sí, Dragomir había tenido un primer plano. A lo mejor, inconscientemente se me había quedado en la cabeza y soñé con él. Demasiadas coincidencias, pero aún así podía ser una posibilidad tranquilizadora…
"Un momento" pensé. En la televisión, Dracomir tenía los ojos grises. Estaba segura. Intenté mirárselos para comprobarlo, y justo antes de encontrarme con su mirada, un ruido muy fuerte hizo que todos pegáramos un bote. Don Txomin fue corriendo a ver que pasaba antes de que pudiéramos hacer nada, y nos quedamos solos con Dragomir. Yo noté que alguien me tocaba el hombro.
- ¿Qué pasa? - Le pregunté a Mónica.
- No me tomes por loca, pero… Me parece que ayer, en una pesadilla que tuve, salía este tipo.
Escalofríos por toda la espalda.
- También estuvo en la mía.
- ¿Tenía un sótano en su despacho, lleno de…?
- Frascos. Uno verde fluorescente.
Esa pequeña conversación bastó para que entendíéramos que no podía haber sido una coincidencia.
Un pitido hizo que tuviéramos que taparnos los oídos con las manos. Las bombillas saltaron, y los trozos de cristal cayeron en el suelo. Las luces de emergencia apenas eran visibles con la niebla. La densa y surrealista niebla que estaba por todas partes. Alguien, quizás un profesor, gritó que cogiéramos las mochilas y saliéramos en fila india pegados a la derecha, en orden.
Salimos corriendo, dándonos empujones y gritando como idiotas. Por las escaleras, el buen humor volvió cuando la profesora de Educación Física, haciendo gala de sus cualidades deportivas, intentó bajarlas corriendo de espaldas. Se cayó rodando e intentó levantarse y hacer como si nada. Estuvimos riéndonos durante quince minutos.
A pesar de que no vimos absolutamente nada, por el recorrido que hicimos, estábamos seguros de que nos habían llevado al polideportivo cubierto que había en la parte baja del patio. Cuando todos los alumnos entraron, cerraron la puerta rápidamente para que no entrara la niebla.
No voy a mentir; se estaba fatal allí dentro. Había cerca de setecientos niños y el cuerpo del profesorado, intentando calmar a los más pequeños. Aún no sabíamos por qué estábamos allí, ni que había sido ese ruido tan fuerte que había sonado minutos antes.
El director, un hombre excesivamente bajito con bigote, intentó hacerse ver entre la multitud. Un chaval de tercero de secundaria lo cogió en brazos para hacer la gracia. Eso hizo que todos nos calláramos.
- ¡Atención! ¡Atención! Formad quince filas, cada una de treinta personas como mucho. José, puedes bajarme si quieres.
El chico lo puso en el suelo, acompañado por las risas de alumnos y maestros. Se subió en el potro para que todos lo vieran.
- Cada quince alumnos se situará un profesor. Nos dirigiremos a...
Comenzamos a preguntar en voz alta, interrumpiendo al director. Saltó para llamar la atención.
- ¡Silenciooo!¡Silencio, por favor! Han habido seísmos suaves durante toda la mañana, pero el último ha hecho que las canastas de baloncesto cayeran al suelo.
Eso explicaba el ruido, pero no todo lo demás.
- Pero no hemos sentido los terremotos. - Dijo una chica.
- Eso será que no os habéis fijado. - No parecía una razón muy convincente, pero no había otra.
- ¿Y por qué han saltado las bombillas?
- Eso será que… 
- ¿Y por qué hay tanta niebla?
- ¡Muy bien, basta de preguntas! No lo sé todo, ¿vale? - Gritó impotente. Nunca entenderé como llegó a se director.
Cuando estábamos a punto de ponernos en orden, dieron un golpe a la puerta de acero. El sonido metálico hizo que se me nublara la vista, y no fui la única.
Otro golpe, esta vez más fuerte. El tercero hizo una abolladura en la puerta. Cuando una niña se acercó a verla, se llevó las manos a la boca.
- ¡Un violín! - La abolladura tenía forma de violín...
El séptimo golpe abrió la puerta de par en par. El cielo estaba negro, y la niebla cubrió la escuálida figura por completo. Como por arte de magia, las puertas se cerraron, y la persona que estaba camuflada entre la neblina avanzó a pasos lentos. La gente formó un pasillo cuando pasó al lado. La niebla subió al techo de repente.
- ¡Feliz Halloween, niños!
Gritamos de miedo, pues la voz no procedía de la figura que aún no nos había dado tiempo a identificar, sino de la ya cerrada puerta.
- ¡Tú! - Grité.
El hombre vestido de botones se me acercó dando saltitos.
- ¡Feliz, feliz, felicísimo Halloween! - Me dio un abrazo y metió una cosa en mi mochila. Siguió andando hasta el centro del gimnasio, mientras mis compañeros de clase decían tonterías sobre él. - ¡Jefe, vamos a la fiesta!
Su jefe, que también era el desconocido de la niebla, resultó ser Dragomir.
- Silensio, Aleksandr. - Dijo, con un marcado acento ruso. - Seguidme.
Nadie le hizo caso. El director se puso a su vera para replicarle, lo que quedaba algo ridículo, pues Dragomir llegaba al metro ochenta.
- No sé quién es usted, pero no tiene l...
- ¡Cállese! ¡Usted es incapasitado parra dirigir este sentro!- Gritó. Intenté fijarme en sus ojos, pero un trueno hizo que desviara la mirada. - Ahora, todos detrás mía.
Nos pusimos en fila, algo asustados. Di por hecho que Nico, Carlos y el resto de alumnos del colegio habían tenido un sueño igual o parecido, por los comentarios que la gente hacía. Me hubiera gustado saber el por qué de tantas casualidades, y lo de la pesadilla me preocupó de verdad.
Cuando ya casi estábamos en el vestuario de las chicas - no me preguntéis, ni idea de por qué nos llevó allí - recordé que el tal Aleksandr me había metido algo en la mochila. La abrí lentamente, y lo que encontré me hizo perder el equilibrio.
Una pequeña calabaza tallada, que olía a recién cortada.
Que aún tenía tierra en el tallo.
Que se reía como una maníaca.

;)

¿Qué tal?¿Os ha gustado?¿Cambiaríais algo? Decídmelo en los comentarios :)
Por cierto, os recomiendo entrar en Menudo Castillo. Es un blog que habla de todo lo relacionado con la literatura infantil y juvenil, organiza concursos y mucho más. Escuchad también sus programas de radio, seguro que, si os gusta la lectura, os encantan.
He participado en uno de los concursos de Menudo Castillo"La guerra de los niños". Leed las bases, el domingo termina el plazo.
¡Saludos!

sábado, 26 de mayo de 2012

El hombre de los ojos verdes. Capítulo II.

Pues bien, ya que un gran número de personas dos me han pedido que continúe la historia de El hombre de los ojos verdes, decidí hacerlo. No sé cada cuanto subiré un minicapítulo, pero aquí va uno :D

_______________________capítulo dos_______________________


Sabía que sólo era eso: un sueño. Pero no podía sacármelo de la cabeza. 
El cielo era de color gris, no morado, lo que desmontó aún más la pequeña posibilidad de que fuera real.
En el coche, de camino al colegio, el sueño se repetía una y otra vez en mi mente, tan realista, tan escalofriante. Comencé a imaginar extrañas formas en el horizonte, que se desvanecían cuando llegábamos a su lado, para dejar ver farolas o bancos. Era casi imposible ver con tanta niebla. Niebla… ¿no había en el sueño niebla?
- Te estás volviendo paranoica. - Pensé para mis adentros. Decidí que no diría nada a mis amigos. No quería que se enteraran de mis preocupaciones… pensarían que estaba mal de la cabeza.
Bajé del coche y atravesé rápidamente la carretera hasta llegar a la puerta del colegio. Apareció de la nada un hombre vestido de botones de hotel. Cuando estaba a punto de gritar, me di cuenta de que, probablemente, había estado ahí todo el tiempo, y que si no lo había visto antes era por la niebla, cada vez más densa. 
- ¡Buenos días! - Dijo en tono jovial, lo que contrastaba mucho con su piel blanca y su aspecto enclenque. Me recordaba al falso profesor de mi sueño, pero su voz era demasiado… diferente. - ¿Con ganas de venir a clase? ¡Pero que digo! ¡Pues claro, si es Halloween!
Me dio un abrazo, agitó la mano como para decir adiós y desapareció entre la niebla, saludando a los otros alumnos, tan sorprendidos por su extraña aparición como yo. Olía a algo extraño, muy fuerte… a aceite de árbol de té. ¿Aceite de árbol de té? No lo había escuchado en mi vida, pero estaba segura de que ese era su nombre. 
Cruzar el patio fue difícil. A cada segundo me chocaba con algún compañero, y estaba segura de que todos eran el hombre de los ojos verdes hasta que les veía la cara. Fue un alivio que uno de ellos fuera Nico, aunque parecía tan asustado como yo.
- ¿Qué te pasa? - Le pregunté.
- He tenido una pesadilla, nada más. ¿Y tú?
- También.
Nos dirigimos a la fila en silencio, donde esperaban Carlos y Mónica. La niebla se había colado por todas partes, y hasta resultó divertido subir las escaleras, con todos, hasta los profesores, dándose golpes contra las paredes. Las clases se pasaron bastante rápido. Era casi imposible ver nada, así que los alumnos más bromistas hacían ruiditos molestos y otras tonterías que volvían locos a los maestros y sacaban risas a los compañeros. 
Cuando llegó la hora de Música, mi corazón latía más rápido. Fue un alivio ver a Txomin, nuestro profesor de siempre, entrar a clase, con su viejo saxofón en la mano derecha. 
Lo malo era que el hombre de los ojos verdes entró justo detrás de él.

jueves, 24 de mayo de 2012

El hombre de los ojos verdes

El lunes, día veintiuno de mayo, se publicó el primer número físico del Proyecto CARLEXA.
¿Qué es esto? Es un proyecto para fomentar la lecto-escritura en los niños y adolescentes. ¿Cómo? Bien, en diferentes colegio de Algeciras, los profesores piden a los alumnos que les entreguen microrrelatos, biografías, poemas o cualquier otro tipo de escrito para que aparezcan en la revista digital.
Hasta la última semana, los números de esta se habían publicado en la web (www.proyectocarlexa.com) pero el lunes, por primera vez fue un suplemento especial del periódico AREA
¿Por qué cuento esto? Porque allá por octubre escribí un pequeño relato relacionado con la festividad de Halloween, que tan de moda parece estar ahora. Se lo pasé a la coordinadora del proyecto en mi colegio y lo han publicado! Ni os imagináis lo contenta que me puse. 
Ya es un poco tarde para comprar el periódico, así que podéis leerlo en la revista digital. Buscadlo en la página diez, se titula El hombre de los ojos verdes. La web es la que veréis haciendo click aquí.
PD: Si alguien se lo pregunta, sí. El dibujo ese es mío. Lo hice cuando estaba en cuarto de primaria, si no me equivoco, y también lo publicaron en CARLEXA (en internet). No es demasiado bueno es malísimo y tampoco tiene nada que ver con el relato, pero me hace gracia que se hayan acordado de que es mío :)
Por cierto, lo pongo aquí directamente por si hay alguien a quien no le apetece tener que entrar en la otra web:

_______________________capítulo uno_______________________
Todo comenzó como un día normal; el despertador sonó varias veces hasta que decidí apagarlo y levantarme. Sin saber por qué, me asomé a la ventana, y vi que una densa niebla cubría toda la ciudad; un interesante paisaje para el día 31 de Octubre.
Una hora después llegué a clase. El cielo seguía teniendo ese tono entre morado y azul, a pesar de que ya eran las diez. Carlos, Nico, Mónica y yo estábamos deseando que sonara el timbre, ya que nos iríamos juntos a una alucinante fiesta de Halloween, con todo tipo de lujos; una película de miedo, un concurso de disfraces, una calabaza tallada...
En clase de Música un siniestro hombre entró en el aula. Iba completamente vestido de negro, y el ambiente se hacía más frío por donde él pasaba. Tenía la cara pálida y unos diminutos ojos de un tono verde fluorescente.
Dijo que a partir de ese día sería nuestro nuevo profesor, y comenzó a explicar una serie de normas que debíamos cumplir en su clase. Explicó detalle a detalle, con una voz dura, y pocos segundos antes del recreo, se fue.
Sentí la necesidad de seguirle, y vi que mis amigos iban detrás de mí. Llegamos a su despacho, y oímos que murmuraba palabras incomprensibles. Nos echamos a un lado, y la puerta se abrió. Esperábamos que nos echara una reprimenda por haberle seguido, pero de la puerta salió un pequeño animal verde con alas, que se asemejaba más a un murciélago que a un pájaro.
A todos nos parecía que ese hombre no tramaba nada bueno, pero necesitábamos pruebas, así que decidimos entrar en su despacho. Era un lúgubre sótano negro, completamente vacío. Nico fue el único capaz de darse cuenta de que en el suelo había una disimulada trampilla de madera. Está, después de un par de golpes, se abrió fácilmente, así que decidimos bajar a echar un vistazo. 
Hasta que los ojos no se nos acostumbraron a la oscuridad no pudimos ver esa habitación; estaba llena de frascos transparentes con objetos extraños dentro.
Fuimos con cuidado para no romper nada, hasta que un resplandeciente contenedor verde nos llamó la atención. Me dirigí a lugar en el que se encontraba, y lo cogí. Estaba frío como el hielo. Un fuerte golpe, seguido de varios gritos hizo que pegara un respingo. Me giré y vi que todos estaban tirados en el suelo, con suerte inconscientes. Volví a girar, esta vez al lado contrario, pero ahora, en frente de mí estaba aquel siniestro hombre. Intenté escapar, pero me cogió del brazo. Tampoco podía pedir ayuda; de mi boca no salía ningún sonido.
- Feliz Halloween. - Me dijo. Una luz verde me cegó y sentí un golpe en el cuello.
Entonces desperté. Comprendí que todo había sido un sueño, más bien una pesadilla. Sentía un pinchazo en el cuello, aunque probablemente era producto de mi imaginación. Me levante y fui a la cocina, sin darme cuenta de que dos pequeños ojos verdes me observaban detrás de la ventana.